
POÉTICA DEL PRISIONERO
MÁS UNA CITA DE GASTÓN AGURTO
Les aseguro que el próximo poema
lame su pelaje como un minino
que ignora por completo que lo estamos
observando hace más de una hora.
Les aseguro que el próximo poema
hace el mismo tipo de ruido blanco
que el refrigerador a punto de echarse
a perder. Les aseguro que el próximo poema
se apareció un día en medio de las montañas
para que la gente quemando incienso a su alrededor
lo adoraran como si mereciera que lo adoraran.
Les aseguro que el próximo poema
todavía sabe poner el mantel sobre la mesa
y doblar las servilletas como lo indican los manuales
que uno aprende de memoria antes de tomar el control
de un avión que se estrella todos los días.
Les aseguro que si estuviera en mis manos
el próximo poema tendría un aire de confesión murmurada
al oído de quien no esperaba enterarse, al menos
no de esa manera, de que el oleaje imita
aunque no se atreva a confesarlo
el ir y venir de los brazos de una madre
meciendo a un hijo que no quiere
pero que de todos modos tiene que dormir.
Los estudiantes y las estudiantes de las instituciones
de educación superior ingresarán decididos a conocer
cuál era el seudónimo que usaba Gabriel Mistral. Los doctores
y las doctoras que van a visitar a los enfermos, cargarán
un maletín donde todos los instrumentos para medir la temperatura
llegarán siempre al mismo resultado y los que pregunten
por el nombre de la bailarina delante de sus ojos
tendrán que conformarse con la cerveza
delante de sus labios: no es un camino a seguir
ni tampoco un enigma a descifrar,
pero no cualquiera acepta el mediodía
encerrado en la canícula del patio:
los guardias te apuntan por costumbre.
Y el sol imperdonable tampoco
te perdona.
EXTREMELY WHITE PEOPLE
Una profesora de lenguas clásicas recita a Kavafis
en su idioma original. Las ninfas del bosque
trabajan para la forestal Mininco. La casa cuesta
lo mismo que financiar la colegiatura
de una prole que brilla por su ausencia. Las palabras
del opresor no pueden ser las mismas con las que nos
deseamos feliz cumpleaños cada vez que volvemos
a reunirnos. Una polera que diga. Esperando
a los bárbaros es un poema que no podría
ser escuchado con mayor atención que en esta
fiesta: un ejemplo perfecto de la distancia
que separa a las palabras de la realidad.
Cómo te lo explico: cada uno de nosotros
tiene que elegir el ojo de la aguja
por el cual atravesará hacia el cielo.
Cada uno de nosotros
ha admirado la altura de estos árboles
sin admitir la belleza
de la hierba que crece a ras del piso.
Es ella la que tiene que lidiar
con las hormigas marchando en fila.
Es ella la que tiene que lidiar
con nuestros pasos que vienen
a segarla. A impedir que siga creciendo
porque entonces habría que utilizar
otro tipo de adjetivos. Sin embargo
aquí en el bosque los atentados incendiarios
suelen atribuírseles a los únicos
que sabrían vivir de él y así lo habían
hecho hasta la llegada del cóndor y el huemul:
el escudo patrio deberían ser los camellos
encargados de la salvación de nuestras almas.
Los profesores reunidos en torno a una mesa
sobre la cual no se discute ninguna teoría literaria
sino un sinfín de recetas de cocina para combatir
la pobreza en el tercer mundo, el anhelado ahínco
que demuestran las aspirantes a reina de la primavera
y el enconado empeño de las aves por volar, sí: el empeño
de las aves por volar completan el menú de las conversaciones.
En el intermedio algunos se rascan la cabeza.
Otros se desvisten para prestar más atención.
La gran mayoría disfruta el aire libre. Uno que otro
alza su copa para celebrar este momento.
Yo que no soy blanco escucho en silencio sus palabras.
FANALOZA
Así comienza entonces el poema:
temprano como el día, despuntando
por encima de la cordillera, asomándose
entre los pasos clandestinos que sólo
conocen los arrieros y las divisiones de alta
montaña. Así se defiende de los apostadores
que tienen la jubilación de sus padres
como único respaldo para sus deudas
y se saca de encima las manchas de aceite del motor
que hace más de un año había que cambiarlo.
Así responde a las acusaciones de haber perdido
la batalla sin pelear hasta el final: reconoce
haber salido a tomar aire en el balcón
pero insiste en recordarnos que los peces
en el acuario se acercan hasta el cristal
como si tuvieran un mensaje que transmitirnos
y nosotros nos negamos a entender. Lo demás
es un saldo en nuestra cuenta bancaria
que nos gustaría atribuirle al damero que dibujan
las calles del centro de la ciudad, pero la llegada
de los extraterrestres hace cada día más difícil
desentrañar el origen de nuestra fortuna. Así
termina entonces el poema: rodeado de strippers
como si el ritmo estuviera dictado por los muchachos
de Concepción y el rutilante destino que le tenían
deparado a las artes adivinatorias, oh los buenos
muchachos de Concepción que todos quisimos ser.
Ahora riegan sus jardines como si estuvieran
a punto de acabar con el enemigo, mírenlos
moviendo como una espada el control remoto.
Se las saben por libro, pero esta vez no podrán
engañarnos esos maravillosos muchachos de Conce
que algunos años atrás quisimos ser.
PETROGRADO, OCTUBRE 2017
La modernidad es un hoyo excavado en la tierra.
Perdón, pero tengo ganas de seguir escribiendo.
Cada vez que llueve estoy en otra ciudad. El metro
de Moscú es el único que ha sobrevivido a una guerra
con las mismas armas con que lo hicieran sus soldados.
La mujer que se acerca a la ventana para que los agentes la vigilen
también los está vigilando. El Alzheimer es una forma de autocensura.
Una conversación sobre poesía con el inspector municipal
puede significar el fin de la revolución. Nuestra
única alternativa es elegir entre los meseros o los garzones.
Los separatistas chechenos se pasean por los centros comerciales
cargando en sus mochilas con el peso de la historia.
Los retablos de madera que cuelgan de la catedral de san Basilio
tenían como función bendecir la gran empresa patria
de Iván el Terrible contra los kazajos.
Las fotografías de Rodchenko tenían la función de bendecir
la gran empresa patria en contra del ejército blanco
y sus esbirros.
Las sinfonías de Shostakovich la de bendecir la gran empresa patria
de Iosif Stalin en contra de los nazis.
Recién hicimos el amor como quien visita las guaneras
antes de que estalle la guerra entre los países
que dicen ser sus dueños: doscientos años después
los espejos se niegan a entregar la imagen que
los invitados tenían de ellos mismos.
Cada palacio es una noche (ese
verso refleja la influencia del objetivismo.
Las ratas que abundan en nuestro país de origen
aquí son símbolos de mal agüero. Mi mujer
todavía está desnuda, pero la próxima guerra del salitre
se peleará con piedras y palos, la fiebre tiene mucho
que decir a la hora de interpretar la lluvia que cae al final
de este verso, guardaba en los cajones de su escritorio
libros de las ciudades que admiraba y fotografías de los poetas
que habían escrito sobre ellas, los hojeaba muchos años después
cuando también le tocara escribir sobre la mismas
sin que nadie lo fotografiase por sus calles. A veces le llegaban
cartas de los que antes las habían visitado. También desde
su ciudad, de aquellos que todavía querían visitarlas.
Entre unos y otros median setenta años, miles de millones
de muertos y los archivos donde se le acusa de vagancia,
de empuñar un arma cargada de futuro y esgrimirla
en uno de esos duelos que los poetas rusos tienen prohibidos.
Ninguna bandera blanca podría reemplazar la nieve.
Ese verso refleja la influencia de haber venido a San Petersburgo.
De no haber pisado nunca las calles de Leningrado.
